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General | Viernes, 14 de Diciembre de 2012 16:36
LA HORMIGA REINA

En las afueras de Chilecito, en el barrio-pueblo de San Miguel de 1100 habitantes, todos conocen a Reina porque es algo así como la madre de la comunidad. Ella conoce y se preocupa por todos, y con trabajo de hormiga logra todo lo que se propone. Desde que recuerda siempre lo hizo y lo seguirá haciendo; y con setenta y pocos años es una locomotora que vive al servicio de los demás.

Conoce a todos, a todos pide ayuda, y gracias a eso, de a poquito y a pulmón, logró hacer realidad el Comedor, el Cementerio, la Capilla de San Miguel, la Biblioteca y tantas otras cosas.

Lo sorprendente fue que entramos al Comedor esperando encontrar a Reina y en su lugar vimos a 3 hombres cocinando y sirviendo la comida. Con un español bastante aceitado, Lorenz, de 18 años, nos explicó lo que hacían, mientras Bergde nos invitaba a comer unos ricos fideos con salsa y el irlandés Sean Paul intentaba entenderse con los chicos, pasaba algo como: “Piden sal, les dan más…”, le pedían sal y Sean Paul les servía tranquilamente más fideos pensando que era eso lo que pedían, ante las caras de asombro. A veces se olvidan que no entiende español, aunque se esfuerza y se divierte solucionando cualquier conflicto con una sonrisa.

El comedor era municipal y venía funcionando no muy eficientemente, hasta que en el 2006 Reina toma las riendas y decide incorporarlo a un proyecto de intercambio con voluntarios extranjeros, principalmente jóvenes alemanes que quieren participar en una experiencia de voluntariado en el exterior durante 3 meses hasta un año. Cada uno por distintas razones, deciden venir a compartir su tiempo en la Rioja, lejos de sus casas y comodidades para crecer como personas, conocer una realidad diferente e intentar mejorarla todo lo que puedan. Ellos mismos organizan las comidas, cocinan, se ocupan de ir a buscar donaciones y de jugar con los chicos después de almorzar. Los chicos se lavan sus platos y vuelven a ellos mostrándoles y preguntando: “Profe, está bien?” y practican sus ‘Please’ y ‘Thank you’ a la vez. Es gracioso verlos jugar a las cartas con las chicas de 5 años, que practican como “señoritas Ciruela” con estos grandotes alumnos extranjeros.

Reina corre todo el día, si no está en el comedor, seguramente está haciendo tortas para quienes cumplen años, o amasando empanadas para los extranjeros, (donde nos incluimos); pero siempre con una sonrisa, y con la confianza puesta en la Divina Providencia. Las donaciones siempre aparecen, la gente es muy generosa y ya se acostumbraron a que un extranjero les pida donaciones para el Comedor. Ellos se ocupan de ir a buscarlas y llevarlas al comedor a unos 3 km en bicicleta o caminando. El sábado pudimos acompañarlos en su rutina de ir a la feria de frutas y verduras y pedirle a los puestos donaciones para el Comedor. Todos colaboran con lo poco que tienen, y así nos fuimos con las manos llenas de bolsas con remolachas, papas, zanahorias, cebollas, lechuga, acelga, un cajón de zapallitos y hasta un maple de huevos! Curiosos por el comedor, quedó pendiente la visita de algunos puesteros, muchos de los cuales son trabajadores muy humildes que cultivan sus propias huertas, para que puedan conocer a quienes reciben sus donaciones y a la vez generar conciencia del trabajo que se realiza.

En San Miguel está todo muy ligado y muy cerquita. En un principio, las actividades religiosas del pueblo se realizaban en un oratorio donado que había sido parte de una casa de una antigua familia, hasta que quedó chica y pasó a usarse como Biblioteca, y es donde hoy se ayuda a los chicos a hacer la tarea y se les da la merienda. En el terreno de enfrente se realizó el proyecto que existía para la Capilla de San Miguel con materiales donados y mano de obra de los vecinos. Hoy, 20 años más tarde, se está repintando gracias a donaciones de pintura y aporte de mano de obra. Siempre a pulmón, todos los domingos hay Misa y el altar se llena de azucenas y calas del jardín de Reina. La Capilla está rodeada de varios olivos, y el proyecto es que sean muchos más, para poder autosustentarse. Allí también funciona la huerta que cuidan los chicos del Comedor.

Reina no se llama Reina, sino María Epifanía ya que nació un 6 de Enero, pero todos la conocen por Reina; por algo será. No precisamente por su corona o aires de grandeza, sino por ser la reina de la humildad y del servicio desinteresado. Realmente lo hace por Amor, dedica su vida a los demás. Justamente su apodo viene de su padre, que al ser la primera mujer después de dos varones, y pensando que sería la última, la llamaba Reina; curiosamente luego vinieron 5 más. Nos cuenta de su familia de 8 hermanos y la gran fe de su madre, cómo a los 15 años ya era catequista y a los 18 quería ser misionera, pero al ser la hija mujer más grande su padre no apoyó la decisión y entonces se volcó a ser maestra rural en zonas muy postergadas y en situaciones difíciles que le hicieron ver más clara su misión. Pero en su casa no la querían tener lejos, ni saber que sufría con poca agua y comida; así que se las ingeniaron para mantenerla cerca de casa en San Miguel y allí se puso manos a la obra y logró hacer muchas cosas por su comunidad. No tiene hijos pero sí 15 sobrinos muy cercanos por los cuales se preocupa y se ocupa; hace dos años que viaja una vez por mes a Buenos Aires con una sobrina para acompañarla al médico con una generosidad sorprendente; crió a otro sobrino en su casa durante 4 años, estuvo presente en el parto de otro, y siempre al pie del cañón cuando sus hermanos la necesitaron por internaciones o enfermedades de sus hijos. Es de fierro.

Después de charlas con mates, empanadas y pollo, y compartir muchas historias, logramos saber su secreto: es muy devota, está muy cerquita de Dios y eso hace todo más fácil. Como dice ella: “No se como hice para hacer todo eso, hay como una fuerza extraordinaria que me impulsa, … es Jesús…”. Realmente es así, el día que la conocimos, por ejemplo, se había levantado a las 5am, había ido a Chilecito a realizar Adoración al Santísimo, se quedó a Misa y recién pudo llegar al comedor cerca de las 2 de la tarde; la retuvimos hasta las 3 y la mandamos a dormir la siesta y almorzar cuando nos dimos cuenta que no había comido nada. Más tarde seguimos charlando, nos mostró todo el pueblo, realmente no hay pobreza como se ve en otros barrios de las afueras de Chilecito, logró que todos tengan cloaca y que quieran tener una casita digna. Entremedio del recorrido fue a buscar a un señor para ir a pagarle el adelanto de unos trabajos en la Capilla, y después volvía a su casa a hacerle un postre a un chico celíaco que cumplía años. Ni hablar que el sábado nos cocinó unas increíbles empanadas para todos los extranjeros, el domingo fue a misa 2 veces porque es ministro de la Eucaristía, y dedicó su tarde a visitar y llevarle la Comunión a los enfermos que no pueden salir de sus casas.

Lo disfruta, es feliz y plena, y se le nota. No podría no hacer lo que hace. Ella es mediadora en las familias, intercesora para el pueblo, madre de alma y maestra eternamente, una verdadera hormiguita trabajadora que ayuda sin descanso. Y tiene su carácter, por suerte; pelea ante la injusticia y lucha por la verdad cueste lo que cueste.

Y para hacer todo eso, su “único” sostén es Dios. Simple, no?

(WWW.COMPARTIENDOAMERICA.COM.AR)


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