Por Edith Grynszpancholc, creadora Fundación Natalí Dafne Flexer, (www.fundacionflexer.org).

Cáncer infantil o cáncer pediátrico es el cáncer que afecta a niños y jóvenes.
Es importante destacar que cuando el cáncer afecta a un niño o a un joven lo
hace en forma distinta a como afecta a los adultos.
Por ejemplo, muchos de los
tipos de cáncer que se dan en la adultez son resultado de la exposición a
agentes productores de cáncer como tabaco, dieta, sol, agentes químicos y otros
factores que tienen que ver con las condiciones ambientales y de vida. Mientras
que las causas de la mayoría de los tipos de cáncer pediátricos son, todavía,
desconocidas.
Los tipos de cáncer más frecuentes en la adultez
son: cáncer de pulmón, de colon, de mama, de próstata y de páncreas. En tanto en
los niños y adolescentes, los más frecuentes son: leucemias, tumores de sistema
nervioso, de hueso, del sistema linfático (linfomas) y de hígado. Cada uno de
éstos se comporta en forma diferente pero todos se caracterizan por la
proliferación descontrolada de células anormales.
La mayor parte de los
adultos que padecen cáncer pueden ser tratados a nivel local, en sus comunidades
de residencia. En cambio, el cáncer infantil no es tratado por el pediatra. Un
niño con cáncer debe ser diagnosticado con precisión y tratado por equipos de
especialistas en oncología pediátrica. Estos equipos se encuentran generalmente
en los grandes hospitales pediátricos, en centros de alta complejidad o centros
universitarios de referencia.
Otra diferencia a destacar es que el cáncer infantil
tiene en la mayor parte de los casos un mejor pronóstico que el de adultos.
Es importante entonces que todos los niños accedan al tratamiento adecuado en el
tiempo indicado.
El tratamiento supone grandes exigencias para los
niños y sus familias: durante un tiempo más o menos prolongado deben armar su
rutina familiar en función del hospital, de los horarios y de los cuidados que
requiere el niño enfermo. El niño debe soportar procedimientos dolorosos, tomar
medicaciones, hacerse estudios, soportar restricciones a lo que eran sus
actividades cotidianas antes del diagnóstico y ver limitada su vida infantil.
Los papás deben aprender gran cantidad de información, deben aprender los
códigos de la institución en la que su hijo se trate, lidiar con las obras
sociales y con el banco de drogas, explicarle a familiares y amigos la evolución
del niño, cuidar a los hermanos sanos en caso de que los hubiera, resolver su
situación laboral, seguir funcionando como soporte de su hijo, etc. Muchos de
los pacientes diagnosticados en el interior del país vienen a tratarse a Buenos
Aires, viéndose obligados a separarse de sus cosas y seres
queridos.
La
experiencia de un niño con cáncer y su familia es altamente estresante. Sin
embargo es una oportunidad para reconocer fortalezas, cambiar roles, aceptar
ayudas, aprender de otros que pasaron por la misma situación y compartir
intensamente el tiempo en familia. Para que esto suceda además de los recursos
internos de la familia es importantísimo el soporte que la comunidad
puede brindar, perdiendo el miedo a acercarse, el temor a impresionarse,
valorando que más allá de estar enfermo de cáncer es un niño que necesita jugar,
ir a la escuela, distraerse, relacionarse, insertarse socialmente, crecer y
desarrollar sus potencialidades.
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