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General | Jueves, 21 de Febrero de 2013 15:44
Sin vacaciones, dejamos de leer en casa?

Por Silvia Portorrico, Departamento de Programas de Promoción de Lectura de Fundación Leer,www.www.leer.org

Las vacaciones están llegando a su fin, pronto comenzarán las clases y toda la familia se enfrentará a cambios importantes en su rutina.
Durante el receso escolar los chicos se olvidaron de las tareas, del estudio y privilegiaron actividades recreativas y al aire libre.
Muchas familias incorporaron momentos de lectura durante las vacaciones, en la playa, en la montaña o en la ciudad, adultos y niños tuvieron oportunidad de destinar tiempo a los libros.

Es habitual que los padres, en la época de clases, deleguen la responsabilidad de la formación del hábito lector en la escuela. Pero la escuela sola no puede abarcar todos los procesos imprescindibles para la formación de lectores autónomos.
Es en el seno de la familia donde se produce el encuentro primordial entre los niños y los libros. De allí la importancia de seguir estimulando la lectura, buscando momentos propicios y estrategias adecuadas, dando al libro el valor necesario para formar el hábito lector.

Leer, leer y leer parece ser la consigna más valiosa. Disponer de libros variados, interesantes y de calidad en la biblioteca familiar, o buscarlos en la biblioteca del barrio, es imprescindible. Cuanto más variada sea la oferta, más interés lograremos despertar en los lectores.

Pero ¿cuándo leer con los chicos? La hora de dormir suele ser la número uno del ranking. Un cuento cada noche, la consigna preferida.
Maravilloso momento para compartir un cuento, una poesía, el capítulo de una novela. La voz del adulto cobijando, arropando, envolviendo deliciosamente al niño que está totalmente disponible, atento, encantado por la cercanía del afecto. Hasta que se funden en comunión perfecta, la voz amorosa del adulto, la magia del relato, la hora del sueño. Nadie debería perderse esta experiencia.

Hay otras situaciones que se pueden disfrutar durante el día, para propiciar la lectura de todo tipo de textos: la elaboración de listas de supermercado, la lectura de recetas, las noticias del diario. Los padres pueden compartir estas actividades con los hijos para incentivarlos a leer y escribir.

Pero poco sentido tendrán todas estas actividades si los chicos no tienen como modelo lector al adulto. Los padres interesados en que sus hijos lean tienen que preguntarse qué clase de lectores son, qué libros les interesan, qué lugar ocupa la lectura en sus vidas. Solo así, reflexionando, revisando las propias experiencias, cuestionando su propia actitud ante los libros, es que podrán transmitir el amor y el gusto por la lectura a los niños.



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