Por Silvia Portorrico, Departamento de Programas de Promoción de Lectura de Fundación Leer,www.www.leer.org

Las vacaciones están llegando a su fin, pronto comenzarán las clases y toda la
familia se enfrentará a cambios importantes en su rutina.
Durante el receso
escolar los chicos se olvidaron de las tareas, del estudio y privilegiaron
actividades recreativas y al aire libre.
Muchas familias incorporaron
momentos de lectura durante las vacaciones, en la playa, en la montaña o en la
ciudad, adultos y niños tuvieron oportunidad de destinar tiempo a los
libros.
Es habitual que los padres, en la época de clases, deleguen
la responsabilidad de la formación del hábito lector en la escuela. Pero
la escuela sola no puede abarcar todos los procesos imprescindibles para la
formación de lectores autónomos.
Es en el seno de la familia donde se produce
el encuentro primordial entre los niños y los libros. De allí la importancia de
seguir estimulando la lectura, buscando momentos propicios y estrategias
adecuadas, dando al libro el valor necesario para formar el
hábito lector.
Leer, leer y leer parece ser la consigna más valiosa.
Disponer de libros variados, interesantes y de calidad en la biblioteca
familiar, o buscarlos en la biblioteca del barrio, es imprescindible. Cuanto más
variada sea la oferta, más interés lograremos despertar en
los lectores.
Pero ¿cuándo leer con los chicos? La hora de dormir
suele ser la número uno del ranking. Un cuento cada noche, la
consigna preferida.
Maravilloso momento para compartir un cuento, una poesía,
el capítulo de una novela. La voz del adulto cobijando, arropando, envolviendo
deliciosamente al niño que está totalmente disponible, atento, encantado por la
cercanía del afecto. Hasta que se funden en comunión perfecta, la voz amorosa
del adulto, la magia del relato, la hora del sueño. Nadie debería perderse esta
experiencia.
Hay otras situaciones que se pueden disfrutar durante el
día, para propiciar la lectura de todo tipo de textos: la elaboración de
listas de supermercado, la lectura de recetas, las noticias del diario. Los
padres pueden compartir estas actividades con los hijos para incentivarlos a
leer y escribir.
Pero poco sentido tendrán todas estas actividades si
los chicos no tienen como modelo lector al adulto. Los padres interesados
en que sus hijos lean tienen que preguntarse qué clase de lectores son, qué
libros les interesan, qué lugar ocupa la lectura en sus vidas. Solo así,
reflexionando, revisando las propias experiencias, cuestionando su propia
actitud ante los libros, es que podrán transmitir el amor y el gusto por la
lectura a los niños.
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